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El País, 4 Noviembre 204, El duende de la Imprenta

20

Ene

Titivilo, “El duende de la imprenta”

Tras pasar el corrector y leer el mismo documento unas cuantas veces finalmente te decides y envías tu proyecto a la imprenta. Han sido meses de esfuerzo y como buen eneatipo 1 quieres que todo quede perfecto. Te fijas en la tapa dura, la rugosidad del papel al tacto, el correcto maquetado del libro. Reparas en un gazapo que no debería estar… ¿Cómo es posible?

Titivillus in culpa est

La historia de Titivillus se remonta a los tiempos medievales. La escritura se reservaba a los clérigos y letrados, siendo los monjes los responsables de su preservación mediante la elaboración de manuscritos que en su mayoría eran copias de otras obras ya existentes.

Las faltas de ortografía, concentración y mala interpretación eran comunes. Antes que admitir el error, era más práctico culpar a un “ente demoníaco” que incitaba a la equivocación que a uno mismo. Y se empezó a popularizar Titivilo, el diablillo notario o demonio de las erratas.

Luego, llegó la imprenta de Gutenberg y las erratas se multiplicaron. Titivilo permaneció en la cultura popular.

Titivillus es también digital

Es arriesgado hablar de ello en especial cuando te expones a escribir en un blog 😉 Titivillus puede estar escondido.

Los procesadores de texto disponen de correctores ortográficos, herramientas de sinónimos, corrección automática y herramientas de censura.

Pero no son suficientes. Los correctores tienen limitaciones que harán que una supervisión sea siempre necesaria:

  • No distinguen las tildes.
  • No recomiendan signos de puntuación.
  • No tienen en cuenta el contexto.
  • Sólo constatan que una palabra existe en un diccionario.


Queridos lectores y clientes,

La ortografía es importante. ¿Cómo revisáis vuestros escritos antes de mandarlos a imprenta?

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